
María Luisa Vázquez Castilla
Fisioterapeuta
Indice
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Introducción
– Justificación.
El síndrome de Down, así denominado en
memoria de John Langdon Down, el primer médico que lo identificó, es la causa
genética más frecuente de retraso mental leve a moderado y de problemas médicos
relacionados y se presenta en uno de cada 800 nacidos vivos de todas las razas
y grupos económicos.
Una descripción de las principales
características de las personas con síndrome de Down realizada hace 30 años
recogería peculiaridades como “sobrepeso”, “nula relación social”,
“analfabetismo” y “deficiencia mental severa o profunda”. En la presentación
actual se muestra cómo estas limitaciones han sido superadas. Y ello es debido
a que estas características no son estables, dado que se produce una
interrelación constante entre condiciones ambientales y sustrato genético. La
intervención ambiental, y en el punto que nos ocupa, la intervención
psicomotriz, produce mejoras observables incluso en una discapacidad con una
carga genética tan substancial como es el síndrome de Down. El tono muscular,
el nivel intelectual, la memoria o el lenguaje son campos en los que se han
producido avances impensables hace algunos años. En esa línea se ha de seguir,
con el convencimiento corroborado por los hechos de que la intervención
psicomotriz bien programada y sistemáticamente realizada produce resultados y
es eficaz.
¿Qué
es el Síndrome de Down?
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El síndrome de Down o trisomía 21 es
una entidad que en la actualidad constituye la causa genética más frecuente de
discapacidad intelectual y malformaciones congénitas. Es el resultado de una
anomalía cromosómica por la que los núcleos de las células del organismo humano
poseen 47 cromosomas en lugar de 46, perteneciendo el cromosoma excedente o
extra al par 21. Como consecuencia de esta alteración, existe un fuerte
incremento en las copias de genes del cromosoma 21, lo que origina una grave
perturbación en el programa de expresión de muy diversos genes, no sólo del
cromosoma 21 sino de otros cromosomas. Este desequilibrio génico ocasiona
modificaciones en el desarrollo y función de los órganos y sistemas, tanto en
las etapas prenatales como postnatales. Consiguientemente, aparecen anomalías visibles
y diagnosticables; unas son congénitas y otras pueden aparecer a lo largo de la
vida. El sistema más comúnmente afectado es el sistema nervioso y dentro de él,
el cerebro y cerebelo; por este motivo, casi de manera constante la persona con
síndrome de Down presenta, en grado variable, discapacidad intelectual.
La incidencia de síndrome de Down es
variable y oscila desde 1 por 660 hasta 1 por 1.000 ó más nacimientos vivos. La
incidencia es similar en las diversas etnias pero aumenta en función de la edad
materna: 1:800 (30-34 años), 1:270 (35-39 años), 1:100 (40-44 años), 1:50
(mayores de 45 años). Sin embargo, la mayoría de los niños con síndrome de Down
nacen de madres menores de 30 años, por ser la edad en que suele haber más
embarazos.
Aproximadamente, el 95 % de los casos con síndrome
de Down presenta Trisomía simple del
par 21; esto significa que todas las células del organismo poseen las 3 copias
completas del cromosoma 21. El 5% restante presenta una Translocación o un Mosaicismo.
En alrededor del 3,5 % de los casos con síndrome de Down se debe a la presencia
de una translocación no equilibrada, generalmente entre los cromosomas 14 y 21.
El óvulo o el espermatozoide aporta un cromosoma 21 completo más el trozo
adherido a otro cromosoma, y la célula germinal de la pareja aporta un
cromosoma 21. En la concepción el resultado final será la presencia de dos
cromosomas 21 más una tercera porción del 21. Es muy frecuente que el fenotipo
de la persona con SD por translocación tenga características similares a las de
la trisomía simple porque el trozo translocado suele corresponder a la porción
más distal del cromosoma en donde se acumulan los genes que más contribuyen al
fenotipo propio del síndrome de Down. El Mosaicismo
aparece en el 1-2 % de los casos con síndrome de Down. El individuo
presenta dos líneas celulares en su organismo, una con trisomía 21 completa y
la otra normal; suele deberse a una no disyunción durante las primeras
divisiones celulares post-concepción. La proporción en que estas dos líneas se
presentan varía mucho de un individuo a otro. Cuanto mayor sea la proporción de
la línea normal, mayor será la probabilidad de que el individuo presente menos
rasgos propios del síndrome de Down, de que la discapacidad intelectual sea más
leve, y de que tenga menos complicaciones médicas.
Desde un punto de vista conceptual, las
características que los niños con SD presentan se podrían analizar desde un
punto de vista cognitivo, fenotípico y fisiológico.
-
Nivel cognitivo. Tomando
como base los tests de Coeficiente Intelectual estándares, los niños con SD
frecuentemente son clasificados con niveles de retardo mental débil, incluso
cierto porcentaje se encuentra en el grupo de coeficiente normal-bajo. Sin
embargo, tales tests no constituyen una referencia única en cuanto a las
capacidades de estas personas. Contrariamente a lo que anteriormente se
pensaba, las personas con SD no están condenadas a un 'congelamiento'
intelectual equivalente al de niños sin retardo de 5-8 años. Los especialistas de
todo el mundo se muestran sorprendidos y
entusiasmados con el potencial de desarrollo que estas personas muestran y que
nadie había supuesto antes. En la actualidad se puede decir que los límites en
el desarrollo de los niños con SD no están firmemente establecidos, y que van a
depender muy directamente de la idoneidad de los programas de estimulación
precoz y educativos, también hoy en pleno proceso de exploración.
-
Rasgos físicos. Aunque
presentes de manera general, estos atributos, considerados como distintivos,
tienen un amplísimo grado de variabilidad por cuanto que su presencia es más o
menos acusada según las personas concretas. Algunos de estos caracteres
diferenciadores señalan a: ojos (de tipo almendrado), conformación ósea del
rostro (bajo desarrollo del tercio medio), maxilares y boca (tendencia a un
tamaño reducido, maloclusión dental...), manos (una línea palmar singular),
desarrollo corporal (menor estatura media que la población general, cierta
tendencia a la obesidad)…
-
Fisiología. Las personas con
SD tienen una incidencia elevada de cardiopatías congénitas (35 a 50%), en
general septaciones incompletas y válvulas defectuosas. Otro grupo de
afecciones más comunes entre personas con SD con respecto a la población
general lo constituyen ciertos desequilibrios hormonales e inmunológicos. Así
podemos citar problemas en relación con el nivel de hormonas tiroideas y una
cierta debilidad ante infecciones. También se consideran como relativamente
frecuentes problemas de naturaleza gastrointestinal y los riesgos para la
leucemia y la enfermedad de Alzheimer están aumentados. La longevidad de las
personas con SD es muy variable. Va aparejada al nivel de salud de que disfruta
cada uno y éste es terriblemente variado, tanto que un índice de este tipo es francamente
poco útil si no se aplica por grupos específicos.
Las últimas investigaciones de los expertos se encaminan a
poder afirmar que “Las personas con SD no son enfermos, aunque tienen mayor
riesgo de padecer ciertas patologías. La práctica médica actual permite
detectar precozmente, en la mayoría de los casos, las alteraciones de salud que
pueden aparecer en cada etapa de la vida. La aplicación de programas de
Medicina Preventiva, mediante controles y exploraciones
periódicas y sistemáticas es especialmente importante, pues con ellos se puede
evitar, aliviar y corregir los problemas de salud tan pronto como vayan
apareciendo.” (Programa de Salud
FEISD 2004).
Intervención
psicomotora por grupos de edad
Desde el punto de vista del estudio de la intervención
psicomotríz por grupos de edad, es preciso profundizar en las características
que los niños SD presentan en las áreas en las que se va a intervenir.
-
Nivel cognitivo: La
afectación cerebral propia del síndrome de Down produce lentitud para procesar
y codificar la información y dificultad para interpretarla, elaborarla y
responder a sus requerimientos tomando decisiones adecuadas. Por eso les
resultan costosos, en mayor o menor grado, los procesos de conceptualización,
abstracción, generalización y transferencia de los aprendizajes. También les
cuesta planificar estrategias para resolver problemas y atender a diferentes
variables a la vez. Otros aspectos cognitivos afectados son la desorientación
espacial y temporal y los problemas con el cálculo aritmético, en especial el
cálculo mental. Es preciso proporcionarles la información teniendo en cuenta
estas limitaciones. Al dirigirse a una persona con síndrome de Down es
necesario hablar despacio, utilizando mensajes breves, concisos, directos y sin
doble sentido. Si la primera vez no nos han entendido, se les han de dar las
indicaciones de otra forma, buscando expresiones más sencillas o distintas. Se
les ha de explicar hasta las cosas más evidentes, no dando por supuesto que
saben algo si no nos lo demuestran haciéndolo. Y se ha de prever en su
formación la generalización y mantenimiento de las conductas, ya que lo que
aprenden en un contexto, no lo generalizan automáticamente a otras
circunstancias. Se ha de utilizar, en fin, mucho entrenamiento práctico, en
situaciones diferentes y trabajar desde lo concreto para llegar a la
abstracción y la generalización. Por último, debemos mencionar dos
peculiaridades que pueden confundir a quien no esté acostumbrado a relacionarse
con personas con síndrome de Down. En ocasiones sorprenden porque se muestran
incapaces de realizar determinada actividad cuando pueden hacer otra
aparentemente más compleja. Además, tienen dificultad para entender las ironías
y los chistes, tan frecuentes en las interacciones cotidianas. Suelen tomarlos
al pie de la letra y por ello en ocasiones responden a ellos con una seriedad
insólita.
-
Nivel sensorial: Numerosos autores confirman que los niños con Síndrome de Down
procesan mejor la información visual que la auditiva y responden mejor a
aquélla que a ésta. Y es que, además de la frecuencia con que tienen problemas
de audición (la mayoría de los niños con SD tienen conductos auditivos
estrechos, lo que provoca que la pérdida auditiva sea frecuente), los
mecanismos cerebrales de procesamiento pueden estar alterados. Asimismo,
estudios realizados por Butterwath y Cichetti sugirieron que el sistema
vestibular en los niños con SD requerían un elevado nivel de estimulación antes
de que pudieran detectar discrepancias entre las fuentes de información visual
y las de información mecánica-vestibular. Por otro lado, su umbral de respuesta
general ante estímulos es más elevado que en la población general, incluido el
umbral más alto de percepción del dolor. Por ello, si en ocasiones no responden
a los requerimientos de otras personas, puede deberse a que no les han oído o a
que otros estímulos están distrayéndoles. En ese caso será preciso hablarles
más alto o proporcionarles una estimulación más intensa. Se les ha de presentar
la estimulación siempre que sea posible a través de más de un sentido, de forma
multisensorial. Se les proporcionará la información visualmente o de forma
visual y auditiva al mismo tiempo, e incluso a través del tacto, permitiéndoles
que toquen, manipulen y manejen los objetos. El tacto es una de las pocas
fuentes de información con las que se cuenta para su estimulación en la
atención temprana. En el campo educativo el modelado o aprendizaje por
observación, la práctica de conducta y las actividades con objetos e imágenes
son muy adecuadas. Para favorecer la retención conviene que las indicaciones
verbales que se les den, vengan acompañadas de imágenes, dibujos, gestos,
modelos e incluso objetos reales.
-
Área del lenguaje: En el síndrome de Down se da una conjunción compleja de alteraciones
que hacen que el nivel lingüístico vaya claramente por detrás de la capacidad
social y de la inteligencia general. Presentan un retraso significativo en la
emergencia del lenguaje y de las habilidades lingüísticas, aunque con una gran
variabilidad de unas personas a otras (Miller et al., 2001). Les resulta
trabajoso dar respuestas verbales, dando mejor respuestas motoras, por lo que
es más fácil para ellas hacer que explicar lo que hacen o lo que deben hacer.
Presentan también dificultades para captar la información hablada, pero se ha
de destacar que tienen mejor nivel de lenguaje comprensivo que expresivo,
siendo la diferencia entre uno y otro especialmente significativa. Les cuesta
transmitir sus ideas y en muchos casos saben qué decir pero no encuentran cómo
decirlo. De ahí que se apoyen en gestos y onomatopeyas cuando no son
comprendidos e incluso dejen de demandar la ayuda que precisan cansados por no
hacerse entender. Sus dificultades de índole pragmática conllevan con
frecuencia respuestas estereotipadas como “no sé”, “no me acuerdo”, etc. La
labor del entorno familiar, ecológico, en el desarrollo del lenguaje desde las
primeras edades es fundamental (Gràcia, 2002). En la etapa escolar, es
recomendable que el lenguaje sea trabajado individualmente por parte de
especialistas en audición y lenguaje, por ser un campo en el que casi todos los
alumnos con síndrome de Down tienen carencias. Algunos objetivos son: mejorar
su pronunciación y articulación haciéndolas más comprensibles, aumentar la
longitud de sus frases, enriquecer su vocabulario o favorecer la comunicación
espontánea. El ordenador puede ser un instrumento muy útil para alcanzar estas
metas. Por otro lado, en la clase es conveniente utilizar lo menos posible
exposiciones orales y largas explicaciones, ya que esta metodología didáctica
no favorece el aprendizaje de los alumnos con síndrome de Down. Esencialmente
se aprende a hablar hablando, por lo que en el trato cotidiano, hablarles y
escucharles son las mejores estrategias, intentando frenar la tendencia a
corregirles insistentemente. Se ha comprobado que la lectura y la escritura
favorecen mucho el desarrollo de su lenguaje, por lo que se recomienda su
introducción en edades tempranas (Troncoso y del Cerro, 1999).
-
Carácter y Personalidad: Respecto a su personalidad, en la bibliografía
científica y de divulgación sobre síndrome de Down se recogen calificativos que
constituyen estereotipos y que han dado pie a la mayor parte de los mitos que
sobre ellas maneja mucha gente. Se les califica, por ejemplo, de obstinadas,
afectuosas, fáciles de tratar, cariñosas o sociables. Se dice de ellas que
tienen capacidad para la imitación, buen humor, amabilidad y tozudez. O que son
alegres, obedientes y sumisas. Las anteriores afirmaciones no siempre están
claramente demostradas y en muchos casos carecen de fundamento. Ocasionan
generalizaciones perjudiciales, que pueden confundir a padres y educadores y en
muchos casos determinan las expectativas que sobre ellos se hacen unos y otros.
Sin embargo, por encima de estereotipos y coincidencias aparentes, entre las
personas con síndrome de Down se encuentra una rica variedad de temperamentos,
tan amplia como la que aparece en la población general. Dejando clara la
salvedad anterior, existen unas formas de actuar que se dan con mayor
frecuencia entre las personas con síndrome de Down y que podríamos definir como
características generales de la personalidad de estos sujetos. Algunas de estas
peculiaridades son: Escasa iniciativa,
Menor capacidad para inhibirse, Tendencia a la persistencia de las conductas y
resistencia al cambio, Baja capacidad de respuesta y de reacción frente al
ambiente, Constancia, tenacidad, puntualidad. Aunque podemos calificar como
características de personalidad a las anteriormente enumeradas, entendiendo
ésta como una combinación de rasgos heredados e influencias ambientales, no han
de ser consideradas como inmutables. Por el contrario, se ha de actuar
intentando potenciar las capacidades y habilidades que les puedan facilitar su
incorporación a la sociedad y corregir aquellos otros que les limiten ese
acceso.
-
Atención: En
el síndrome de Down existen alteraciones en los mecanismos cerebrales que
intervienen a la hora de cambiar de objeto de atención (Flórez, 1999). Suelen
tener dificultad para mantener la atención durante periodos de tiempo
prolongados y facilidad para la distracción frente a estímulos diversos y
novedosos. La atención es una capacidad que requiere un entrenamiento
específico para ser mejorada. Es conveniente presentar actividades variadas y
amenas que favorezcan el que consigan mantenerla en aquello que están haciendo.
En el caso de niños con síndrome de Down en etapa escolar es imprescindible
programar ejercicios para que aumenten el periodo de atención poco a poco,
primero un minuto, luego dos y así sucesivamente, o realizar varias actividades
de corta duración en lugar de una actividad larga. En el trabajo con ellos, son
muy buenas estrategias las siguientes: mirarles atentamente cuando se les
habla, comprobar que atienden, eliminar estímulos distractores, presentarles
los estímulos de uno en uno y evitar enviarles diferentes mensajes al mismo
tiempo. Por otro lado, en ocasiones se interpreta como falta de atención la
demora en dar una respuesta, algo que en ellos es habitual porque el tiempo que
tardan en procesar la información y responder a ella es más largo.
-
Inteligencia: Independientemente de otras características psicológicas, el síndrome
de Down siempre se acompaña de deficiencia intelectual. La mayoría de las
personas con síndrome de Down alcanzan en las pruebas para medir la
inteligencia un nivel intelectual de deficiencia ligera o moderada. El trato
diario con las personas con síndrome de Down y el ritmo habitual de la vida
cotidiana pueden hacer que, en ocasiones, los demás olviden que tienen
deficiencia mental. Sin embargo necesitan que se tenga en cuenta esta
peculiaridad. Se les ha de hablar más despacio (no más alto), si no entienden
las instrucciones habrán de repetirse con otros términos diferentes y más
sencillos. Precisan más tiempo que otros para responder, por lo que hay que
esperar los segundos que necesiten. Además, les costará entender varias
instrucciones dadas de forma secuencial, les va a resultar difícil generalizar
lo que aprenden, aplicándolo en circunstancias distintas a las de adquisición y
van a ser poco flexibles en sus actuaciones.
-
Memoria: Las personas con síndrome de Down tienen
dificultades para retener información, tanto por limitaciones al recibirla y
procesarla (memoria a corto plazo) como al consolidarla y recuperarla (memoria
a largo plazo). Sin embargo, tienen la memoria procedimental y operativa, bien
desarrollada, por lo que pueden realizar tareas secuenciadas con precisión.
Presentan importantes carencias con la memoria explícita o declarativa de ahí
que puedan realizar conductas complejas que son incapaces de explicar o
describir. Por otro lado, les cuesta seguir más de tres instrucciones dadas en
orden secuencial. Su mayor limitación respecto a la memoria estriba en que no
saben utilizar o desarrollar estrategias espontáneas para mejorar su capacidad
memorística, probablemente por falta de adiestramiento (Ruiz y col., 1998). Por
ello es recomendable realizar un entrenamiento sistemático desde la etapa
infantil, que puede incluir recoger recados e instrucciones, coger el teléfono
o contar lo que han hecho en casa y en el colegio. También son de gran utilidad
los ejercicios de memoria visual y auditiva a corto y largo plazo, el estudio
sistemático o las lecturas comprensivas y memorísticas y enseñarles estrategias
como la subvocalización o la agrupación de objetos por categorías para retener
la información.
-
Motricidad: Es frecuente entre los niños con síndrome de Down la hipotonía muscular
y la laxitud de los ligamentos que afecta a su desarrollo motor. La hipotonía
hará más difícil aprender a mantener el equilibrio en determinadas actividades.
Por ello es bueno trabajar muchos ejercicios propioceptivos y de equilibrio. Un
aumento de la laxitud ligamentosa puede llevar a que las articulaciones se
deformen por mala sujeción y provoquen complicaciones ortopédicas. Por este
motivo se hace imprescindible el trabajo de la fuerza, consiguiendo que la función de los músculos compensen
dicho déficit ligamentoso. Físicamente, entre las personas con síndrome de Down
se suele dar cierta torpeza motora, tanto gruesa (brazos y piernas) como fina
(coordinación ojo-mano) extremidades cortas y disminución generalizada de la
fuerza. Es importante que aumente la fuerza muscular porque, de lo contrario,
los niños tienden a compensar su debilidad haciendo movimientos que son más
fáciles a corto plazo, pero resultan perjudiciales a la larga. Presentan
lentitud en sus realizaciones motrices y mala coordinación en muchos casos. Es
aconsejable tener en cuenta estos aspectos para mejorarlos con un entrenamiento
físico adecuado.
El concepto de Psicomotricidad va a surgir de los trabajos de psicología evolutiva
de Wallon, especialmente de aquellos que se refieren a la relación entre
maduración fisiológica e intelectual y que manifiesta la importancia del
movimiento para conseguir la madurez psicofísica de la persona. Está demostrado
que el movimiento es el fundamento de toda maduración física y psíquica del
hombre. Considerando esto, podríamos entender la psicomotricidad como el
desarrollo físico, psíquico e intelectual que se produce en el sujeto a través
del movimiento.
Teniendo en cuenta todo esto, y
conociendo las numerosas características fenotípicas que alteran el aparato
locomotor de un niño con SD, podemos decir que la labor preventiva es un
objetivo primordial a tener en cuenta en la intervención, así como la
estimulación desde edades muy tempranas.
A)
De 0 a 3 años.
La forma más frecuente de realizar una
intervención en este grupo de edad, sobre todo cuando no llegan al año de edad,
es llevando a cabo el Método
Estitsológico Multisensorial. Este método se basa en los siguientes
objetivos generales:
-
Afianzar los vínculos afectivos con la persona que
aplica el Método.
-
Ayudar al niño a relajarse corporalmente para crear
hábito.
-
Estimular los sistemas nervioso y muscular a través
de la sensibilidad cutánea.
-
Intervenir en la evolución de los procesos
cognitivos a través de la estimulación multisensorial y motriz.
Esencialmente
el Método
Estitsológico Multisensorial consiste en realizar una intervención
en la que estimulemos varios sentidos a la vez, sobre todo la audición, la
vista y el tacto. Un ejemplo de esta intervención es realizar un masaje suave o
movilizaciones a la vez que mantenemos el contacto visual con el niño y le
vamos nombrando las partes del cuerpo que vamos tocando.
Por otro lado, si nos centramos en los niños de 1 a 3 años
de edad (periodo en el que adquieren los patrones de movimiento básico, pasan a
la bipedestación y comienzan a dar sus primeros pasos) hay que aclarar que el
objetivo principal no es acelerar la velocidad de adquisición de patrones
normales del niño, sino ayudar a que el niño evite desarrollar patrones de
movimientos compensatorios anormales. Estos movimientos compensatorios son
modos habituales que tienen de ajustar los movimientos nuevos a los déficits
que poseen en su aparato locomotor. Algunos ejemplos de los patrones de
movimientos compensatorios son:
-
Estar de pie
con sus caderas en rotación externa, rodillas rígidas, los pies planos y
vueltos hacia afuera.
-
Sentarse
con el tronco inclinado y la pelvis
echada hacia atrás.
-
Estar de pie
con el estómago hacia fuera y tronco curvado.
-
Caminar en la
posición similar a la bipedestacion, con hiperextensión de rodillas, pies
separados y caderas y pies rotados hacia fuera.
Estos patrones, si no son controlados a tiempo,
probablemente acabarán dando problemas ortopédicos en la adolescencia y la
adultez que impedirán un buen desarrollo físico y como consecuencia un retraso
en los demás aprendizajes. Se pueden evitar estos problemas enseñando previsora
y activamente patrones óptimos de movimientos, de modo que se desarrolle la
fuerza en los músculos adecuados.
Para poder llevar a cabo esta labor preventiva, es necesaria
la implicación y colaboración de los padres en la intervención. En este periodo
de edad es cuando se comienza a trabajar con las familias para que vayan
introduciéndose en lo que va a ser a partir de ahora la educación de su hijo.
Es muy importante la comunicación del profesional con ellos. Para empezar se le
pueden dar orientaciones o pautas sencillas para realizar con su hijo, ejemplo
de pauta para los padres:
a) Estimular
la fijación y seguimiento visual. Mostrar al niño un objeto por vez, cambiando tamaños y colores,
un muy cerca de sus ojos y tratando de que tenga la cabeza derecha. Luego
cuando ya haya logrado fijar sus ojos en los objetos, irlos desplazando primero
lento y luego más rápido.
b) Estimular
la percepción auditiva.
Buscar objetos que emitan sonidos diferentes, y agradables, y luego pasárselos
para que los manipule.
c) Estimular
la coordinación visomotora.
Acostar al niño en la y mostrándole los objetos y estimulándolo para que los
tome. A medida que el niño va creciendo ponerlo cada vez a más distancia y
luego poner a su disposición distintos objetos y juguetes.
d) Ejercitación
previa a la marcha. Es bueno que
cuando el niño esté andando le corrijamos la posición de los pies y que no le
tiremos mucho de sus bracitos, más bien cogerle por las axilas y dejar que sus
piernas reciban cada vez más el peso de su cuerpo.
e) Subida
y bajada de escaleras: Se aconseja que el niño empiece a subir escaleras a
cuatro patas antes de ponerla de pie y que suba con nuestra ayuda los
escalones. Tiene que trabajar bastante antes sus piernas.
F) Estar
de pie. Sería bueno que el niño juegue en la posición de pie sobre objetos
de su altura, por ejemplo con sofás, mesas bajas, pupitres, y corrigiéndole la
posición de espalda y pies permitir que juegue con objetos fáciles de manipular
con ambas manos y que además si fuera posible, fuera pasando objetos de lado a
otro próximo y se le intente inducir la marcha con apoyo.
Igualmente, una vez que el niño ha
aprendido a caminar, deberá utilizar las habilidades básicas que le permita
refinar su deambulación ya que ésta se realizará con las piernas separadas, rodillas en
hiperextensión, y caderas y pies en rotación externa como se ha mencionado
anteriormente. Esto implicará un mejor control postural y conocimiento del
espacio que le rodea, lo que irá aumentando los niveles de aprendizaje del
niño. El paso a la bipedestación y sobre todo a la marcha, produce en el niño
un cambio abismal en su comportamiento y en su interés por las cosas que hay a
su alrededor, y en el desarrollo de otras habilidades.
B)
De 3 a 6 años.
Cuando el niño haya dominado sus habilidades básicas de
motricidad gruesa, se comenzará a dirigir su atención a otras áreas como es el
lenguaje y el desarrollo cognitivo, aunque hay que asegurarse que el ejercicio
físico se convierta en una parte integral y gozosa del día a día. El estilo de
vida sedentaria tiene consecuencias
negativas para todos, pero más aún para el niño con SD.
Durante este periodo de edad se vive una etapa en la que
mantener la atención del niño es muy difícil, ya que está ansioso por poner sus
habilidades motrices en practica y comenzar a conocer por él mismo todo lo que
tiene a su alcance. Hay que comprender que antes, cuando sus desplazamientos se
ceñían al volteo, reptación y gateo, le daba una visión del espacio totalmente
distinta a la que adquiere con el paso a la bipedestación y más aún cuando ésta
también se acompaña de desplazamiento. Esto permite al niño ir adquiriendo
nuevos sentimientos, ya que puede desplazarse a los lugares o hacia los objetos
que despiertan en él un interés. El movimiento va a ir despertando en niño
nuevos sentimientos, ir dándole forma a su personalidad.
Por otro lado es el periodo idóneo para comenzar a trabajar
con ellos la grafomotricidad. Según algunos autores es el método de la psicomotricidad, que analiza los
procesos de los movimientos gráficos, la manera de automatizarlos y
concienciarlos para crear en el niño una mejor fluidez, armonía tónica,
direccionalidad, segmentación y por ende rapidez y legibilidad en su escritura.
(Jose Luis Amastal), por lo que nos permite adquirir los principios
básicos para la lectoescritura. Siendo estos principios básico imprescindibles
para el aprendizaje en otras áreas. El trabajo de la grafomotricidad va a
permitir trabajar:
-
La orientación espacial, tanto en el plano o como en
el espacio.
-
Si la llevamos a cabo con ritmo de percusión o
música (como se propone en el programa de “Grafomotricidad a ritmo de claves”),
estaremos trabajando las nociones temporales, sobre todo los relacionados con
la velocidad.
-
Nos permite trabajar la atención del niño.
-
Introducir los conceptos de codificación y
decodificación.
-
Mejorar las habilidades manipulativas.
-
Ir definiendo la lateralidad por la exigencia de
pruebas de destrezas manuales.
Del mismo modo es una buena edad para ir introduciéndole el
valor del juego y es a través de él como vamos a ir trabajando los objetivos
psicomotrices propios de este grupo de
edad. Los objetivos son:
-
Trabajar sobre todo la
coordinación general en la secuencia de ejercicios consecutivos. Ejemplo:
circuitos con varios aparatos.
-
Trabajar la inhibición
de sensaciones desequilibradas. Saber pararnos para poder trabajar mejor.
-
Trabajar el esquema corporal: en nosotros mismo, en
los compañeros.
-
Trabajar los tipos de
desplazamiento: A ras del suelo: lateral, de espalda, andando, corriendo, etc.
Sobre aparatos: banco, serpiente de colores, patinete.
-
Trabajar el salto: Su
coordinación y ritmo. Salto a ras del suelo. Salto a determinadas alturas.
-
Saber trabajar en
grupo con reglas: Respetar su turno. Aceptar el ritmo de trabajo del compañero.
Saber jugar en grupo, cumpliendo la parte del papel.
De esta forma, el niño con SD de entre 3 y 6 años podrá
acceder a los programas de gimnasia, educación física adaptada o cualquier
programa que le sirva para desarrollar fuerza, equilibro, velocidad y
resistencia.
C)
Mayores de 6
años.
El objetivo
principal del trabajo psicomotor en este grupo concreto es común en todas las
franjas de edad desde los seis años hasta la adolescencia. Lo que varía es el
nivel de objetivos que se pretenden alcanzar, y el grado de dificultad de las
actividades que se realizan. En cada apartado destacaremos peculiaridades a
tener en cuenta en determinadas edades. Los conceptos básicos con respecto a
este tema se exponen a continuación:
Estructura del esquema corporal:
Su desarrollo se lleva a cabo en etapas muy lentas. En
condiciones normales, no se llega a su total desarrollo hasta los 11-12 años,
aunque podemos decir que este es un proceso que se lleva a cabo a lo largo de
la vida, no se desarrolla en un solo periodo. Con el paso del tiempo, el cuerpo
cambia y tenemos que adaptarnos a esos cambios.
En cada situación en que el individuo vive,
intentaremos siempre extraer unos datos significativos que van a ser una
información muy importante para que nuestro esquema corporal esté actualizado y
se adapte lo más posible a esa realidad.
Pautas metodológicas:
1)
Búsqueda de actividades económicas
Que se adapte lo mejor posible,
buscar posiciones que no perjudiquen el esquema corporal.
2)
Percepción del cuerpo y del espacio
Hacer actividades para mejorar la
orientación; hacer giros.
3)
Análisis de movimientos
Observar los movimientos e intentar
mejorarlos, para eso se desglosa el movimiento y se trabaja cada parte.
4)
Disociación sencilla
Es hacer actividades independientes
a cada parte del cuerpo, por ejemplo, si coge algo siempre utiliza las dos
manos, etc... El niño tiene que independizarse.
5)
Inversión sencilla
En la mayoría de las tareas si podemos hacer inversiones, y
vamos a conocerlas y hacerlas mejor.
Si no las trabajamos
como objetivo principal desde el comienzo, una mala estructuración del esquema
corporal puede llevarnos a anomalías que incidirán básicamente en dos aspectos:
- En cuanto a la percepción: el cuerpo es un punto de
referencia en el espacio, si existe una mala estructuración del esquema
corporal esto puede tener transferencia sobre otros aspectos como pueden ser la
lectura y la escritura.
- En cuanto a la motricidad: si existe algún problema a
nivel de estructuración en el nivel corporal, se observará en el niño una
cierta torpeza motriz en las tareas normales que hará que se sienta inseguro,
que traerá como consecuencia que empiece a aislarse e incluso que pueda hacerse
un poco introvertido.
2.- La Lateralidad:
El cuerpo humano se caracteriza por la presencia de dos
partes anatómicamente paralelas o simétricas, esta simetría se transforma en
asimetría funcional porque muchas de las actividades en las que interviene
sólamente lo hace una parte.
Hay dos hemisferios: el derecho y el izquierdo. Cuando se
impone el proceso de maduración, uno de los hemisferios madura más que el otro.
Si el que predomina es el derecho da individuos zurdos y si el que madura más o
predomina es el izquierdo, da individuos diestros. Ambidiestros: se llaman así
aquellos que tiene igual grado de habilidad con la derecha que con la
izquierda. También hay diestro integral: individuo derecho de mano y pie; zurdo
integral: individuo izquierdo de mano y pie; e individuos con lateralidad
cruzada, que son los que son diestros de mano y zurdos de pie o al revés,
zurdos de mano y diestros de pie.
Para conocer cual es el lado dominante en un niño debemos
observar, tanto en el brazo con en la pierna, cual es la que tiene mayor fuerza, mayor destreza o mayor
precisión, mayor coordinación, mayor sensibilidad mayor equilibrio, y por
último, mayor desarrollo (una diferenciación en cuanto a la forma externa).
Hay que decir respecto a este punto que los niños con
Síndrome de Down poseen con frecuencia problemas disléxicos, por lo que su
lateralidad es un aspecto muy importante a tener en cuenta en su intervención.
Tras un estudio realizado con una población de 47 niños con Síndrome de Down
sobre la lateralidad se pudo observar que la relación entre zurdos y diestros
es de casi un 50%, que se termina por definir en edades avanzadas, cerca de los
12 años, y que suele ser una lateralidad homolateral, es decir, que la mano y
pie dominantes suelen ser del mismo hemicuerpo.
Por otro lado, debemos hacer referencia a que también hay
que valorar la dominancia lateral de otros sentidos como es de la vista y el
oído sobre todo.
La definición de la lateralidad es básicamente un proceso
que podríamos definir en cuatro puntos:
1ª fase: LOCALIZACIÓN. Esta
fase abarca aproximadamente de los 0 a los 3 años. Permite identificar la
dominancia. En ella debemos intentar descubrir lo más pronto posible su
preferencia. Una vez descubierta, las prácticas que hagamos tienen que tener
unas características concretas, entre ellas, que sea: masiva, dirigida y
temprana.
2ª fase: FIJACIÓN. Se da
aproximadamente entre los 4 y 5 años. En esta fase, una vez localizada la
lateralidad, tenemos que fijarla lo más pronto posible, con lo cual las
practicas que plantearemos tendrán también unas características comunes, que
serán: masivas, dirigidas y, sobre todo, orientadas hacia el lado dominante.
3ª fase: DESARROLLO.
Aproximadamente, se da entre los 6 y 8 años. En esta fase nos proponemos llevar
a cabo una experimentación lo más variada posible para tratar de conseguir una
hiper-estimulación que posibilite un mayor desarrollo de la lateralidad sobre
el lado dominante. El tipo de actividades que debemos proponer van a ser lo más
variables posibles para que cada individuo consiga una mayor madurez en esa
parte.
4ª fase: MADURACIÓN. En esta
fase, las características de las actividades van a ser mucho más complicadas y
aquí siempre se empieza por el lado
dominante y luego con el no dominante, para que se vea clara la comparación.
3.- La respiración
La respiración es el acto motor por el cual captamos O2
y eliminamos CO2 sobrante. Desde el punto de vista del
movimiento, lo estudiamos porque intervienen una serie de músculos en la acción
mecánica, pero no podemos olvidar que la respiración también tiene una función
orgánica, por el intercambio de gases, e incluso podríamos añadir un aspecto
emotivo que seria la comunicación entre lo físico y lo mental.
Podemos decir que ante un proceso de regulación
respiratoria se distinguen dos niveles:
1) Voluntario:
podemos pasar de la inspiración, que es la captación, a la amnena y volver a la
inspiración, o pasar a la expulsión o espiración.
2) Automático: es
lo que se hace a diario, puede verse afectado por la emoción, pero no somos
conscientes de los movimientos de inspiración y espiración.
Existen dos formas de respiración: superior o torácica, e
inferior o abdominal. Los niños con Síndrome de Down suelen tener alteraciones
sus patrones respiratorios, y el predominante es el patrón abdominal. Debido a
sus alteraciones en las vías respiratorias, sobre todo las superiores, su
frecuencia respiratoria es alta y aumenta significativamente ante cualquier
actividad física.
Dos puntos que se deben tener en cuenta ante el trabajo de
intervención son:
1)
Comportamiento de la función respiratoria: tenemos que tratar de crear
independencia de la función respiratoria, con respecto a la actividad motriz.
2)
Actividades en el medio acuático: con las actividades en este medio, el niño llega a un
mayor conocimiento de la respiración, sobre todo de la función, ya que ésta
implica un objetivo primario en todo tipo de actividades relacionadas con este
medio.
4.- El equilibrio
Según nos dice Vayer, el equilibrio es un aspecto de la
educación del esquema corporal porque condiciona las actividades de la persona
frente al mundo exterior. Levoult lo define diciendo que es la función que
asegura el mantenimiento y reestablecimiento de la postura en movimiento y en
reposo, mediante la distribución del tono muscular.
Factores que intervienen en el equilibrio son tres:
El centro de gravedad: el centro de gravedad de un conjunto
de masas es el punto en el que es necesario aplicar la fuerza para equilibrar
la suma de las masas de ese conjunto. Cuando el centro de gravedad está más
alto, hay menor estabilidad. La base de sustentación es el área que delimita
los puntos de apoyo. Podemos adoptar una posición de mayor base (de pie) o de
menos base (de puntillas). A mayor base, mayor equilibrio. La línea de gravedad
es la proyección del centro de gravedad al suelo. Cuando la línea de gravedad
cae dentro de la base de sustentación, implica mayor equilibrio, y cuando cae
fuera, mayor desequilibrio.
Factores de los que depende el equilibrio:
1) Físicos: relaciones antropométricas: los bajos son más
equilibrados que los altos. La masa corporal: el tipo de constitución. La
adherencia.
2) Fisiológicos: La vista: cuanta mayor visibilidad tenga, mejor me podré mover. Los
factores laberínticos : dentro del oído
interno, están los factores del equilibrio. Los factores kinestésicos: existen
unos sensores nerviosos que están mandando continuamente información al
cerebro. Receptores táctiles: complementan a los anteriores.
Tipos de equilibrio:
1. Estático: capacidad de mantener nuestro cuerpo en
un lugar o en una posición.
2. Dinámico: capacidad de mantener el equilibrio de
nuestro cuerpo en movimiento.
3. Reequilibrio: capacidad de recuperar el
equilibrio después de estar en el aire (saltar).
4. Equilibrar objetos: capacidad de manejar o
equilibrar objetos o móviles.
5.- La relajación
La relajación en este tipo de niños resulta difícil de
trabajar, no son capaces de detenerse y no son conscientes de sus sensaciones.
Lo que más resultado da es tumbarlos en el suelo escuchando música lenta pero
tras haber realizado una actividad de gran aporte energético. Si físicamente
están cansados, se les puede pedir que permanezcan quietos y relajados.
Tradicionalmente se trataba la relajación desde un punto de
vista sobre todo terapéutico y su significado era “estar tranquilo”. Desde el
punto de vista de la psicomotricidad, debemos enfocar la relajación desde el
punto de vista de la educación física. Por tanto, debemos darle un enfoque
educativo, para lo cual, debemos conocer todos los métodos que existen y ver
que efectos producen sobre el esquema corporal.
Podemos definir la relajación como la utilización del tono
muscular correcto en toda acción motriz, lo cual implica fluidez, facilidad...
Eso nos va a permitir el disfrute de nuestro cuerpo en cualquier tipo de
actividad que llevemos a cabo. Por eso con los niños que padezcan Síndrome de
Down tendremos que jugar mucho con la contracción – relajación y debemos
hacerles experimentar la diferencia
entre cansado y relajado.
Existen dos tipos de relajación, la relajación estática,
que es aquella que busca sobre todo una buena actitud, y la relajación
dinámica, que además de una buena lateralidad unida a una coordinación
correcta, busca otra serie de elementos más.
Con estos niños surte más efecto la relajación dinámica que
la estática. Trabajar la relajación en su intervención nos va a permitir
desarrollar en ellos el control de las sensaciones de su propio cuerpo, ya que
poseen poca capacidad para inhibirlas.
6.- La coordinación
La coordinación es el dominio de la mecánica total del
cuerpo para la realización de los movimientos y acciones concretas, que permite
al cuerpo dar una respuesta eficaz a todo tipo de tareas que se presenten.
La coordinación en los niños con Síndrome de Down es algo
difícil de conseguir. Se deben trabajar con ellos desde edades muy tempranas.
Existen muchos prerrequisitos que serán la base para que en edades más
avanzadas consigan una buena coordinación, así como praxias generales para
poner en práctica en las actividades de su vida diaria.
Para mejorar la coordinación, vamos a incidir sobre todo
las formas de desplazamiento.
Existen dos tipos de coordinaciones: la coordinación dinámica y la coordinación dinámica especifica. La
diferencia fundamental entre ellas es que la coordinación dinámica especifica
suma el desplazamiento y el manejo de móviles.
¿Cómo vamos a mejorar la coordinación dinámica general?
Lo haremos mediante los desplazamientos, situando al niño
ante problemas motores que permitan muchas soluciones y que impliquen elevar la
acción de los desplazamientos a nivel consciente.
Un desplazamiento es la capacidad que tiene la persona de
trasladarse de un punto a otro en el espacio. Podemos decir que existen
básicamente dos tipos de desplazamientos:
- Activos: son los que se logran mediante la propia actividad del sujeto, la energía la pone el propio individuo. Éstos a su vez se podrían clasificar en lo